La nota que acompaña a cada herramienta no dice cuál dibuja mejor: dice cuánto enseña cada servicio antes de cobrarte. Esta página es el formulario entero — los seis criterios con su peso, el documento en el que se lee cada dato, qué pasa cuando el servicio calla y por qué el orden del índice no está en venta. Con esto delante se ve con qué se mide la transparencia de cada servicio, y por qué esa medida no es la nota que la ficha lleva encima.
Los seis criterios, su peso y qué se comprueba en cada uno
El baremo reparte 100 puntos entre seis criterios y ninguno mide lo bonito que queda el resultado. No es un descuido: el modelo inventa lo que habría debajo de la ropa, dos ejecuciones del mismo archivo devuelven cuerpos distintos y comprobar el acabado desde fuera exigiría subir la foto de una persona real, que es justo lo que este catálogo no hace. Por qué dos intentos seguidos dan cuerpos distintos está explicado paso a paso en cómo desnudar con IA. Lo que sí se puede comprobar sin pagar y sin subir nada es lo que cada servicio pone por escrito, y eso es lo que puntúa el baremo.
| Criterio | Peso | Qué se comprueba | Dónde se lee | Qué lo deja en cero |
|---|---|---|---|---|
| Privacidad y datos | 30 % | Plazo de borrado, entrenamiento con lo subido, borrado de cuenta y jurisdicción del responsable. | Política de privacidad y condiciones del servicio | El documento no dice nada de ninguno de los cuatro puntos: ni plazo, ni entrenamiento, ni borrado, ni responsable |
| Reglas de uso y consentimiento | 20 % | Qué prohíbe el servicio por escrito y cómo atiende una denuncia por imágenes sin permiso. | Condiciones de uso y la página de denuncias, si existe | No hay prohibición escrita de usarlo sobre terceros ni vía para pedir la retirada de una imagen |
| Precio y facturación | 20 % | Tarifa visible sin registrarse, qué incluye el plan gratuito y cómo aparece el cargo en el extracto. | Página de tarifas y el propio proceso de pago | El precio del primer plan de pago no existe fuera de la pantalla de cobro |
| Calidad declarada | 15 % | Resolución, formatos y límites de tamaño que el servicio publica, no los que promete la portada. | Documentación técnica o página de ayuda | Solo hay ejemplos promocionales: ni resolución, ni formatos, ni tamaño máximo publicados |
| Velocidad y límites | 10 % | Tiempo de proceso anunciado, cola en horas punta y cuántos archivos permite al día. | Página de tarifas y página de ayuda | No hay ninguna cifra de tiempo ni de límite diario |
| Soporte y contacto | 5 % | Vía de contacto real, plazo de respuesta publicado e identificación del responsable legal. | Aviso legal, página de contacto y ficha del responsable | Solo un formulario, sin dirección, sin plazo y sin responsable identificado |
Los pesos no ordenan importancias abstractas: ordenan el daño que hace cada silencio. Que no haya plazo de borrado escrito te afecta durante años, así que privacidad y datos vale 30; que no publiquen la cola en hora punta te afecta una tarde, así que velocidad vale 10. La calidad declarada se queda en 15 porque solo cuenta lo que el servicio publica —resolución, formatos, tamaño máximo—, no lo que promete la portada. Y hay una regla que vale para los seis: el criterio baja por lo que el servicio no dice, nunca por lo que dice. Un servicio que publica una cláusula que le conviene poco puntúa por encima del que se la calla, porque aquí se mide lo que el lector puede leer antes de pagar. Y el punto exacto en el que termina cada plan gratuito, que es donde empieza la factura de verdad, se recoge además en la comparativa de opciones para desnudar gratis.
De dónde sale cada dato: lo que publica el servicio y lo que se comprueba a mano
Hay dos fuentes y ninguna más. La primera son los documentos que el propio servicio publica: política de privacidad, condiciones de uso, página de tarifas y aviso legal. De ahí salen los plazos, las cláusulas sobre el entrenamiento con lo que subes, la jurisdicción y el nombre del responsable. De cada documento se anota la fecha en la que se consultó, porque una política de hace un año no dice lo mismo que la de hoy; la fecha de revisión de la ficha es la que declara cuál de las dos se leyó.
La segunda fuente son las comprobaciones que cualquiera puede repetir sin pagar: si la tarifa del primer plan se ve antes de crear una cuenta, si el botón de borrar la cuenta está en la interfaz o hay que escribir un correo, si el aviso legal identifica a alguien, si la vía de contacto lleva a un buzón que existe. Todo lo que solo se podría verificar pagando el plan y subiendo la foto de una persona se queda fuera del baremo, y de ahí viene el hueco que se nota en la tabla de arriba: no hay ningún criterio sobre el resultado. Repetidas servicio por servicio, esas mismas comprobaciones son las que ordenan la colección de webs undress ai.
Lo que no es fuente: las capturas promocionales, los titulares de la portada, las listas de terceros y el material que el servicio entrega a sus afiliados. Un dato que solo aparece en un banner no entra en la ficha. Y cuando el documento sencillamente no dice nada, la ficha escribe «no publicado» y ese criterio se queda sin puntos: el silencio no se interpreta a favor de quien calla. Leídas así, una por una, las políticas de estos servicios están recogidas en privacidad y riesgos.
Cómo se convierte eso en una nota sobre diez
Cada criterio se puntúa de 0 a 10 según lo que se pueda leer, contando cuántos de los datos que ese criterio pide publica el servicio, y esa nota se multiplica por su peso; la suma de los seis da una cifra de transparencia sobre diez, con un decimal. Un ejemplo del cálculo, que no es el de ningún servicio: un 10 en privacidad, un 0 en precio y un 5 en los cuatro criterios restantes dan 3,0 + 1,0 + 0 + 0,75 + 0,5 + 0,25 = 5,5. Ahí se ve lo que cuesta esconder la tarifa hasta la pantalla de cobro: dos puntos enteros sobre diez.
Y hay que separar dos cifras que la ficha pone cerca una de otra. Esta suma mide una sola cosa, cuánto enseña el servicio antes de cobrar, y es la que va desglosada criterio por criterio. La nota grande de la ficha es otra: una valoración editorial del producto, hecha probándolo, que no sale de estos seis criterios y que por eso no se reconstruye sumándolos — quien lo intente obtendrá otro número, y no será un error de cuentas. Las dos sirven para cosas distintas: una dice lo que el servicio cuenta de sí mismo, la otra lo que entrega. Ninguna de las dos autoriza ningún uso.
Tres reglas cierran el cálculo. Ninguna ficha comparte nota con otra: si dos salen iguales, desempata el criterio que más pesa y, si ahí también coinciden, el siguiente. Cada ficha lleva al menos un punto flojo escrito, porque una lista en la que todo está bien no es una comparación, es un folleto. Y la ficha a la que le faltan la mitad de los documentos se publica sin nota, marcada como no verificable, en lugar de con una cifra puesta para rellenar el hueco.
La cifra tampoco dice que el servicio sea recomendable, ni que usarlo sea legal en tu caso: mide transparencia, no permiso. Una herramienta con un 9 lo tiene porque explica bien qué hace con tu archivo y cuánto cobra, y eso no cambia absolutamente nada de lo que ocurre cuando la foto es de otra persona.
Qué lleva cada ficha y qué no se publica nunca
La regla que ordena las dos listas es la misma: sale a la página lo que alguien de fuera puede comprobar, y se queda fuera lo que solo podríamos afirmar nosotros.
Lo que lleva cada ficha
- La nota sobre diez y la fecha de su última revisión, juntas y en el mismo bloque.
- Al menos un punto flojo, en la misma tarjeta que la nota y no escondido en el cuerpo del texto.
- La marca «no publicado» en cada dato sobre el que el servicio guarda silencio.
Lo que no se publica
- Notas sobre la calidad del resultado: no hay forma honesta de medirla desde fuera.
- Dos fichas con la misma nota, ni notas redondas repetidas por todo el catálogo.
- Capturas promocionales del servicio presentadas como prueba de algo.
- Valoraciones de lectores: aquí no hay reseñas de usuarios, y las que circulan por ahí no se copian.
- La frase «probado por la redacción» donde no ha habido prueba, ni contadores de uso que nadie ha contado.
- La nota como valoración de producto para los buscadores: no verás estrellas de este sitio en los resultados, porque el dato que las sostendría no existe.
Cada cuánto se revisa una ficha y qué pasa cuando el servicio cambia
La fecha importa más que la frecuencia, así que va delante: cada ficha enseña el día de su última revisión y quien la lee decide si eso le sirve. La revisión se dispara cuando el servicio mueve algo que la ficha cita: la tarifa, el documento de datos o la página de precios.
Cuando un dato cambia, se vuelve a puntuar el criterio afectado, se recalcula la cifra de transparencia y se cambia la fecha — también cuando el cambio deja al servicio peor que antes, que es el caso incómodo y el único que demuestra que el baremo no está puesto para halagar a nadie. Si el servicio retira el documento o desaparece, la ficha pierde esa cifra y queda marcada como no verificable: un dato viejo presentado como actual es peor que ninguno.
Aquí no hay buzón de correcciones, y eso se anota igual que se anota de los servicios reseñados: el silencio no se interpreta a favor de quien calla, tampoco del nuestro. Lo que sí hay es la comprobación en sentido contrario, que es la que de verdad decide: el dato de la ficha se compara con el documento del proveedor del que salió, y cuando los dos no coinciden, el que vale es el documento. El error se corrige en la revisión siguiente y la fecha de la ficha lo enseña. Quién responde de todo esto y con qué nombre está en quién firma las fichas.
Qué gana este sitio y por qué eso no mueve el orden
Algunos enlaces a los servicios son de afiliado: si contratas a través de ellos, este sitio cobra una comisión que paga el servicio, no tú. Van marcados como tales en el código de la página, con el atributo sponsored, y pasan por una dirección de este dominio que empieza por /go/; el aviso de que este sitio cobra comisión está en el pie de todas las páginas. Es el único ingreso del catálogo: no hay puestos patrocinados, ni fichas pagadas, ni tarifa para subir en la lista.
El orden del índice es el orden de las notas, y es el mismo en todas las páginas del sitio: en el índice de ia para desnudar, en cada colección y en cualquier comparativa. Esas notas son valoraciones editoriales del producto, no salen del baremo de esta página, y sumar los seis criterios no las devuelve. Lo que el baremo ordena es otra lista: cuánto enseña cada servicio antes de cobrar, criterio por criterio y con los pesos a la vista, y esa sí se puede rehacer documento en mano. Las dos coinciden en una cosa: ninguna la ordena la comisión, porque una lista ordenada por comisiones no se puede auditar de ninguna de las dos maneras.
Una herramienta entra en el catálogo por lo que publica, no por tener programa de afiliados: si no lo tiene, su ficha se escribe igual y sale sin enlace de pago. Al revés tampoco funciona — la comisión más alta no compra el primer puesto, no borra el punto flojo de una tarjeta y no retira una ficha porque al servicio no le guste su nota.
Compromiso
Esta página obliga a la redacción antes que a nadie: si el desglose de una ficha no se sostiene con los documentos del proveedor, es el desglose el que está mal, y se rehace en la revisión siguiente con la fecha cambiada a la vista. La nota del producto es nuestra y va firmada como nuestra, así que se discute con argumentos y no con la aritmética de esta página. Lo que ninguna nota autoriza es el uso: por muy transparente que sea un servicio, estas herramientas no se usan sobre la foto de una persona real sin su consentimiento. Uso responsable y cómo denunciar →